El hecho de que ni uno solo de los tituli aluda directamente a María, y se refieran siempre al pueblo, podría constituir una importante objeción a este razonamiento. Los tituli sólo hablan del pueblo que ha recibido la Ley de Moisés primero y la Ley del Evangelio después. No mencionan a Pedro, y menos aún al papado. Pero el apelativo Inmaculata y la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, según la cual la Madre de Dios está limpia del pecado original de Adán desde el primer instante de su existencia terrenal, no podía aparecer todavía como inscripción en la capilla papal porque en aquel tiempo aún estaba en discusión entre los teólogos. Efectivamente, desde un principio el fresco de Perugino situado detrás del altar se consideró una Asunción y no una Inmaculada.
El motivo del esposo de sangre crea un nexo entre la figura del Papa y Cristo, pues, en efecto, en tiempos de los primeros mártires, cada Papa se convirtió en esposo de sangre de la Iglesia. Recordemos que, en el registro superior, se representó la galería de los papas de la época de las persecuciones. Este tema enlaza con la interpretación del Pseudo Hugo de San Víctor, que en las patas rojas de la paloma veía una alusión a los mártires de la Iglesia (la esposa). Aquí vemos perfilados ambos motivos: el tema de Iglesia como esposa, incluso de sus mismos pastores, y la relación esposa-esposo entre el pueblo y su pastor supremo, el Papa. El pueblo debe seguir a sus jefes hacia la tierra prometida sin rebelarse contra ellos como hicieron Coré, Datán y Abirán. Quienes guían a la Iglesia deben estar dispuestos a lavar los pies de sus inferiores, obligación que se representa en el panel de la Ultima Cena.
· María, la Inmaculada Concepción, representa el modelo de la Iglesia, por ser a un mismo tiempo madre y esposa virgen.
· Cristo, el esposo, se halla presente en los conductores del pueblo, en los que enseñan y en los pastores. María es la auténtica figura del pueblo.
Aunque en el Juicio Final de Miguel Ángel se haya alejado a la Inmaculada de su posición central, también sus frescos, incluido el del Juicio Final, se caracterizan por el encuentro de la Iglesia con Cristo, el esposo, desde la creación de Eva, madre de todos los mortales, hasta llegar a la nueva Eva. Esta última, asustada por el juicio del esposo, se vuelve hacia los maderos que, sostenidos por la figura colocada a su derecha, adoptan la forma de una cruz.